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DREAMS 
CÓMO COMENZÓ TODO

Este proyecto se gestó en el momento en que empecé a componer intuitivamente música para guitarra solista y grupo, a mediados de los 80's. Algunas de las melodías que flotan por las canciones de este disco nacieron espontáneamente mientras caminaba por la calle o abordaba el subterráneo camino a la universidad o al trabajo, producto de la costumbre que he tenido desde niño de imaginar y pensar en música para aislarme del mundo exterior cuando éste tiende a tornarse caótico y hostil, algo muy común en ciudades populosas y violentas como Caracas. Tengo la suerte de poseer una buena memoria musical, lo que me ha servido para compensar mi casi inexistente formación musical académica; gracias a ello he podido por años mantener vivas muchas melodías y canciones en mi mente, ninguna de ellas plasmadas en papel o en registro de cualquier índole. Es común para mi llegar a casa, tomar la guitarra en algún rato libre (cada vez más escasos), y comenzar a materializar alguna idea, llenando los vacíos con acordes y generalmente transformando el concepto original en algo posible de ejecutar y escuchar. Otras veces las composiciones han nacido simplemente de experimentar con la guitarra, algo que solía hacer con mucha frecuencia, además de escribir, cuando tenía menos cosas en que ocupar el tiempo.
He acumulado por 15 años una buena cantidad de canciones, muchas de las cuales compuse pensando en ejecutarlas sólo con guitarra y luego terminaron siendo piezas para grupo, gracias a la interacción con otros músicos. Por varios años en los que toqué en dos o tres bandas locales pude desarrollar parcialmente algunas de estas ideas, pero de manera muy limitada, porque algunos géneros musicales sencillamente acorralan y encasillan al artista, impidiéndole explorar su propia imaginación y acostumbrándolo al automatismo en la ejecución y la composición. Por eso, y principalmente por mis otras actividades con las que me gano la vida, desde hace 7 años me limité a componer y a ejecutar mi música sólo para un reducido círculo de familiares y amistades cercanas; aunque en el fondo esto se ha convertido casi en una necesidad vital.


En 1997 comprendí que tenía que concretar ese conjunto de proyectos inconclusos, y de alguna manera registrar el extenso material que había acumulado, antes que los recuerdos comenzaran a confundirse o desvanecerse con el paso del tiempo. Comencé a grabar por mi cuenta varios demos con todas aquellas canciones, muchas de las cuales tuve que definir a partir de fragmentos aislados que logré rescatar del olvido, y pegar con alguna que otra artimaña técnica y musical. De este proceso de recopilación resultaron tres CD's que sumaban más de 200 minutos de música; en uno acopié todas las piezas para guitarra solista, y en los otros dos las composiciones para guitarra y grupo. Me encontraba entonces con una muestra muy heterogénea de estilos, géneros y técnicas de interpretación, acústicas y eléctricas; yendo desde lo clásico, pasando por el blues, el jazz, r'n'r, fusión, folk, flamenco, etc. hasta cosas sin pies ni cabeza que podría llamarlas "experimentales", pecando de autoindulgencia. Puedo decir que sólo toco la música que realmente me gusta, y por eso quizás he tenido que resignarme por muchos años, antes que llegara el milagro de la globalización, a guardar mi música en un baúl, dada la nula cobertura que los medios y la industria del arte y el entretenimiento le dan en Latinoamérica a las producciones que se alejan de los patrones comerciales.


Al CD de guitarra solista lo titulé "Acoustic Plus", por incluir ejecuciones en guitarras acústicas y eléctricas, y a los otros dos pensé en producirlos como un solo proyecto, al que titulé "Sueños", por razones más que evidentes. Al comenzar a compartir esta música con viejos y nuevos amigos, encontré que mis ideas musicales tenían buena receptividad entre los melómanos y aficionados como yo a la música progresiva, aquella que de verdad busca contar una historia y trascender en la memoria del oyente, despertando emociones y pensamientos más allá de un estribillo y un ritmo pegajoso.


Desde entonces me embarqué en convocar a otros músicos a conformar una banda, con el propósito primordial de grabar las canciones del proyecto para grupo. Al mismo tiempo comencé a prepararme para poder contar con mi propio estudio donde realizar la grabación y la mezcla de la música. Este proceso, que se me hizo interminable y a veces desesperante, tuvo un desenlace exitoso cuando logré tras varios años de búsqueda encontrar músicos que se identificaron realmente con el proyecto, y sumaron su talento y cooperación al desarrollo del mismo, aun cuando significó para muchos de ellos sacrificar su comprometido e igual de precioso tiempo libre. Fue gracias a su participación activa dentro del proceso que éste pudo llevarse a cabo, destacándose en particular la labor de
Jesús Pérez, Frank Alburjas y Lérmit Martínez, quienes se involucraron desde que el proyecto era sólo ideas y entusiasmo; y por supuesto al apoyo incondicional de mis seres queridos, en particular mi madre Rosa Clark y mi esposa Anabella Delgado, a quienes les debo nunca haber flaqueado en la consecución de mis metas. Ya a comienzos del año 2000 todo estaba listo para grabar el disco, planificado inicialmente como un doble CD conceptual con 135 minutos de música distribuidos en 11 temas, de los cuales 4 eran suites de más de 20 minutos cada una. Mi manager me convenció de lo poco atractivo que sería un doble CD de un desconocido, y acepté producir la obra en dos partes, dejando tres de los temas épicos para un segundo CD que espero poder terminar el 2001, si mi trabajo me lo permite.


De las canciones incluidas en el
disco I del proyecto Sueños, la primera que compuse fue Laberinto. En un principio sólo tenía una melodía que había aparecido en mi mente por generación espontánea hace unos 7 años mientras caminaba por la calle; era algo que sonaba como un vals clásico, en tiempo de 6/8, por lo que comencé a estructurarla con mi guitarra clásica en esa dirección. Tiempo después empecé a experimentar introduciendo algunas variaciones rítmicas y armónicas que cada vez la alejaban más de lo clásico y la acercaban a la fusión, hasta que un día decidí grabarla en un demo y añadirle elementos de percusión, naciendo así la versión para grupo que luego grabamos en el disco. En esos mismos días estaba escribiendo un cuento corto de ciencia-ficción que se desarrollaba parcialmente en un laberinto; tiempo después un amigo me comentó que la canción "era un laberinto", y de inmediato entendí que había entre ambas obras una estrecha relación, algo en el estilo de empezar a correr velozmente sin rumbo fijo, transitar perdido por un sinfín de vericuetos a la deriva, y terminar en el mismo punto de partida. Este año, mientras grababa las canciones en mi estudio, comencé a pensar en la idea de darle a la obra un carácter conceptual más amplio, que desbordara las barreras de lo musical y presentara una historia, que permitiría abarcar el aspecto literario además. Entonces retomé aquel cuento inconcluso y comencé a desarrollarlo en estrecha relación con la obra musical, lo que me permitió al final hilar dos historias paralelas que convergieron más por azar que por intención: una suite que intentaba narrar con música la evolución del hombre y su cultura, y un cuento que mostraba un escenario final en que el hombre se enfrenta a la tarea de colonizar nuevamente un mundo virgen, con la idea de formar una humanidad dividida en etnias y culturas, pero unidas estrechamente por su esencia humana, y por sus Códigos Universales.


El cuento, al que acabé titulando
Sueños por analogía con la obra musical, terminó siendo más largo que corto, y por ende muy costoso de reproducir en el material impreso del disco. Se me ocurrió entonces, en la misma filosofía de expandir los alcances artísticos y tecnológicos del proyecto, incluir una sección multimedia en el disco, convirtiéndolo así en Enhanced CD, un formato digital que a la vez que me permitiría presentar el cuento en diferentes idiomas y formas, añadir más gráficos, información e incluso enlaces activos con páginas en la Internet incluyendo las propias; permitiría al oyente/lector/espectador interactuar directamente con los artistas y sus obras.


Una vez definido el concepto integral de la obra, faltaba el elemento plástico y visual que lo complementara, para poder presentar un trabajo artístico a plenitud donde todos los elementos estuvieran íntimamente relacionados. Por una de esas casualidades que parecen fantásticas e irreales, encontré un día por Internet a un familiar lejano que vivía en Inglaterra,
Peter Rodulfo, que andaba tras la pista de familiares de sus bisabuelos que vivieron durante el siglo XIX en Venezuela y Trinidad. Siendo este apellido tan poco común en América y Europa, no fue difícil encontrar raíces genealógicas en común, además de muchos otros aspectos que llevaron de inmediato a entablar una amistad y una constante comunicación. Peter es un brillante artista de renombre, con una amplia y reconocida trayectoria como pintor y escultor. Fue sorprendente poder apreciar su magnífico arte, y al mismo tiempo sentirme profundamente identificado con éste, hasta el punto de poder conectarlo mentalmente con mi música. No pude contenerme y me atreví a proponerle que hiciera las pinturas para el disco, algo que para mi sorpresa aceptó de inmediato y con el mayor agrado. Peter produjo en poco tiempo, inspirado por la música que le envié y por su maravillosa imaginación, cuatro pinturas de gran belleza y contenido, tan profundamente vinculadas con la música que me parece escucharla cuando las estoy observando. Y sorprendentemente, sin haber leído el cuento, Peter plasmó en su pintura Lost and Found la esencia de la historia, estableciendo una conexión con la obra más allá de las imágenes y los sonidos. El diseño gráfico del disco y de la sección multimedia fue complementado con las ilustraciones y los collages creados por mi esposa Anabella, a quien admiro entre muchas otras cosas por poseer una gran sensibilidad y talento artístico nato. Su obra Materia Prima (la misma que está como fondo de esta página) representa de manera muy ingeniosa la pequeña epopeya que significó la producción de este proyecto, impregnada de imágenes oníricas en sintonía con la música y el concepto literario de la obra. Anabella realizó además las ilustraciones de las siete partes del cuento, las cuales están incluidas en la sección multimedia. Finalmente, se integró el elemento audiovisual a la obra, consistente en varios videos concebidos y dirigidos por Wilman Sirit, un colega que demostró tener gran talento como videasta y notable dominio técnico y artístico del medio.


Espero que todos ustedes disfruten del producto final de este cúmulo de esfuerzos, y por favor
escríbannos con sus comentarios.
Estaremos en contacto,

6 de Noviembre de 2000

 


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